Por Diana Gómez

 

Hace unas semanas estuve en Playa del Carmen con un grupo de chavas para celebrar los últimos días de soltería de una de nuestras amigas. Recordaba Playa por la primera vez que lo visité en enero de 2014 para el festival de música electrónica BPM. Y aunque se que la memoria tiene predilección por el recuerdo aceptable, me pareció recordar esos días del BPM como uno de los momentos más felices de mi vida.

 

Tal vez asocie éste recuerdo de felicidad al sentimiento generalizado que tengo para todos los festivales de música (excepto a los festivales de reggeaton, aunque aún no se de la existencia de alguno. Gracias Dios).

 

Los festivales son de los pocos medios artísticos que logran envolver a toda su audiencia. Espacios abiertos o cerrados en los que los asistentes tienen como único propósito permitir que sus estados de conciencia sean alterados mientras, convenientemente, la música acontece. Prolongaciones de la existencia en la memoria de número de

actos presenciados.

 

Como en la edición 2014 del Corona Capital en que la presentación del joven DJ Zedd desató la locura cuando siguió mezclando mientras caía una tormenta eléctrica, o un año antes en el mismo festival cuando Thomas Mars, pidió a la audiencia cantar "Cielito Lindo". A ésta suma de recuerdos incluíria que entre las maravillosidades que nos da el Vive Latino del Rock Latinoamericano (y Rock no hispanoparlante) está el acto de los Ángeles Azules con Centavrus y Camilo Lara.

 

El detonador a mi devoción a los festivales y a mi fiel creencia en la magia de estos actos es cuando Blondie (banda fav de mi mamá) covereo (You Gotta) Fight For Your Right (To Party).

 

Y después de todo,  ¿Qué son los festivales? Son el hecho de poder aislarte del mundo real para escuchar música en vivo, que te reviente los oídos, que la multitud te una a los saltos en grupo, beber una, dos, muchas cervezas, escuchar tu canción favorita de tu banda favorita que nunca creíste escuchar en vivo. Inverosímil. Y al recordarlo cierras los ojos con fuerza y quieres volver a vivirlo. Por que desde ese día la vida se siente distinto, menos pendientes en la lista para antes de morir.

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