Sotomayor brilla con WABI SABI: El arte de bailar sobre las grietas y celebrar la hermandad
- Editorial TORT

- hace 20 horas
- 3 Min. de lectura
¿Te ha pasado que guardas algo con mucho cariño, se rompe, y al pegarlo te das cuenta de que ahora se ve hasta más chulo? Esa es la filosofía japonesa del Wabi Sabi: encontrar la belleza en lo imperfecto, en lo que ha sido transformado por el tiempo. Y neta, no hay mejor nombre para el regreso triunfal de Sotomayor.

Foto: Feli Gutiérrez
Después de seis años de silencio discográfico (¡seis años, una eternidad!), Raúl y Paulina Sotomayor nos regalan un álbum que no solo celebra su décimo aniversario, sino que cierra un ciclo que la pandemia dejó a medias. Es un disco que suena a madurez, a reencuentro y a muchísimas ganas de quemar la pista de baile.
Si antes Sotomayor era ese viaje orgánico por la selva, WABI SABI es el after más elegante en el club más cool de la ciudad. Raúl se puso las pilas en la producción (fresco de su proyecto como Tonga Conga) y decidió llevar el sonido hacia una electrónica más protagónica.
Imagina que mezclas el vibe de Jamie xx o Polo & Pan con el calor de una cumbia, un afrobeat o un dancehall. El resultado es una bomba de ritmos afrocaribeños (plena, kuduro, lo que quieras) filtrados por sintetizadores que se sienten como rayos de luz en un cuarto oscuro. Es música hecha por DJs para DJs, pero con ese corazón latino que te obliga a mover los pies aunque no quieras.
Lo que hace que este disco sea tan humano es la historia detrás. En 2020, con el disco Orígenes recién salido y giras por todo el mundo, el mundo se detuvo. Paulina se lanzó con Pahua y nos regaló un lado súper introspectivo y folclórico, mientras Raúl producía a medio mundo.
Pero la hermandad es más fuerte que cualquier pausa. WABI SABI se compuso en solo dos semanas en la CDMX y se grabó en diez días en Puerto Rico con el legendario Eduardo Cabra. Esa urgencia se siente en las canciones: hay una energía cruda, honesta y sin pretensiones. Es el sonido de dos personas que se conocen a la perfección y que ya no tienen que demostrarle nada a nadie, solo disfrutar el proceso.
Aunque el ritmo te invite al movimiento, las letras de Paulina en este álbum se fueron a un lugar más introspectivo y oscuro. Hablan de ciclos que se cierran, de la resistencia de mantenerse en pie cuando todo se cae y de ese autodescubrimiento que solo llega cuando te quedas a solas contigo mismo.
Temas como “Si Te Vas” o “Porvenir” nos enseñan que el futuro puede dar miedo, pero que llevar tu cultura y tus recuerdos en la maleta es el mejor escudo. Es un disco para bailar mientras procesas tu última crisis existencial. Es saber que, aunque estemos "rotos", seguimos siendo hermosos.
Wabi Sabi logra algo que pocos hacen: sonar increíblemente moderno sin perder su esencia. Es una celebración de la diversidad afrocaribeña desde una perspectiva de 2025. Es elegante, es bailable y, sobre todo, es real.
Sotomayor nos recuerda que no tenemos que ser perfectos para ser valiosos. Que los diez años de trayectoria no son solo números, son experiencias grabadas en cinta análoga.
Si quieres vivir esta experiencia en carne propia, ve apartando el 26 de marzo de 2026, porque la presentación en La Maraka va a ser histórica.




Comentarios